Para
meditar y reflexionar
Si pretendo renunciar a
vivir en el pasado, debo dejarme tanto de lamentaciones como de
resentimientos.
Lo que tiendo a considerar como pernicioso (mis defectos, mis
limitaciones, la falta de oportunidades en la vida, mis supuestas "malas
experiencias"...) debo aprender a verlo como una bendición. Porque en la
danza de la vida todas las cosas cooperan a nuestro bien.
Una vez libre de lamentaciones y resentimientos, me libero también
de mis "buenas experiencias".
Las experiencias como los bienes terrenos, pueden acumularse, y si
me aferro a ellas, estaré una vez más viviendo en el pasado. Así pues,
digo "adiós" a las personas... lugares... ocupaciones... cosas... que
atesoro del pasado.
Nunca volveremos a encontrarnos, porque, si alguna vez vuelvo a
todas esas cosas, ellas habrán cambiado, yo habré cambiado, todo será
diferente. De manera que adiós... Gracias y adiós...
Me he desprendido de mis ayeres, pero aún debo desposeerme de mis
mañanas, porque -al igual que el pasado- el futuro está muerto, es una
construcción de la mente, y vivir en él significa estar muerto al aquí y
ahora. De modo que renuncio a mi codicia y a toda ambición por adquirir,
por lograr, por ser alguien en el futuro... La vida no es mañana; la vida
es ahora.
Igual que el amor... y Dios... y la felicidad...
Pienso en las cosas que codicio y ambiciono (mañana) e imagino que
las aparto de mí... Y es un inmenso alivio, porque cuando me libero de mi
codicia, me libero de mi esclavitud, de la ansiedad y quedo en libertad
para estar vivo.
Me tomo unos instantes para permitirme experimentar este alivio y
esta libertad...
Después de haberme liberado del futuro y del pasado, entro en el
presente para experimentar la vida tal como ahora es, porque la vida
eterna es ahora, la vida eterna es aquí.
Escucho los sonidos que me rodean... Tomo conciencia de mi
respiración... y de mi cuerpo... a fin de estar lo más presente posible.