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Ten
fe en ti mismo, porque Dios habita en ti.
Por
lo tanto, tener fe en sí mismo, es tener fe en Dios.
Ten
confianza en tus capacidades, y camina sin temer los obstáculos.
¡Tú
puedes vencer!
¡Tú
VAS A VENCER!
Corresponde
a la confianza que Dios depositó en ti cuando te entregó las capacidades que
posees para que las elaborases y las pusieras en práctica.
Todas
las veces que miras a un niño, levanta tu pensamiento a Dios en acción de
gracias porque no abandona jamás a sus hijos.
El
niño es la esperanza de hoy, y la realidad de mañana.
Es
la certeza de que la tierra se está renovando siempre, recibiendo cada día
nuevos habitantes que le traen la contribución de su trabajo y de sus
capacidades para el progreso del mundo.
Procura
dar lo más que puedas...
Una
buena palabra...
Una
sonrisa...
Un
gesto de estímulo...
Un
pensamiento generoso...
Y
sentirás en tu corazón una gran verdad: es mucho mejor dar que recibir.
¿Nunca
percibiste esto?
¡Entonces,
experiméntalo!
Ayuda
a alguien desinteresadamente, y observa cómo te abrirá las puertas con las
manos llenas de alegría.
Lo
mayor felicidad que tú puedes conocer en la vida es: ¡LA FELICIDAD DE DAR!
¡La
muerte no existe!
Lo
que se da es apenas una transformación en nuestro modo de ser.
No
esperes que después de esta vida exista otra. ¡No!
La
vida es la misma.
La
vida eterna ya la estamos viviendo todos nosotros.
Después
de la muerte, continuaremos a ser lo que somos hoy.
Por
lo tanto, procura ser ahora lo que desearías ser después de la muerte.
Porque
la muerte no existe.
¡Camina
alegre a través de la vida!
Siembra
semillas buenas de paz y de optimismo, viviendo bien según tu recta
conciencia.
Ayuda
a los otros lo más que puedas, de tal forma que tu vida sea una alegría
constante porque haces el bien a todos.
No
te preguntes si ellos te agradecerán o retribuirán.
Haz
el bien sin pensar en la recompensa, porque sólo así demostrarás amor para
con todos.
¡Sé fuerte!
¡Ten coraje!
No
te dejes vencer por la adversidad, por la enfermedad y por el dolor.
Piensa
que Dios jamás te abandona, porque está en ti.
Reacciona
con firmeza, porque el auxilio te llegará en la hora oportuna.
La
misma fuerza que está en ti, dirige los universos infinitos...
¡Ten
confianza y valor!
¡Sé
fuerte!
¡Animo!
No
gastes tus fuerzas mentales con actividades de poca importancia y que te
perjudican.
Da
fines elevados a tus acciones.
La
comida y el sexo consumen mucha energía mental si no son bien equilibrados.
Canaliza
tu fuerza espiritual y mental para los sublimes intereses de la humanidad y para
la felicidad de las personas que te rodean.
¡No
te desanimes!
¡Aprende
a comenzar y a recomenzar!
No
te dejes arrastrar por la indiferencia: si caes, levántate y vuelve a empezar.
Si
te equivocaste, levántate y comienza de nuevo.
Si
no logras dominarte, fortifica tu voluntad y recomienza.
¡No
te desanimes jamás!
Tal
vez al final de la lucha queden cicatrices, pera éstas se transformarán en
luces ante el Padre Todo-Misericordia.
Ten
cuidado en no perjudicar a nadie con tus acciones y tus palabras.
Aprende
a decir "no" de tal forma que no hiera.
No
seas severo ni demuestres intolerancia.
Comprende
los puntos de vista de los otros que tienen tanto derecho como tú en tener sus
opiniones.
En
todos tus actos y palabras, sé gentil y bondadoso.
¡Domina
tu irritabilidad!
Siembra
semillas de bondad y de amor, pero no te preocupes por los resultados futuros.
Si
no obtienes el bien que esperabas; o si el beneficio no produjo la gratitud
deseada, no te disgustes.
¡Ayuda
y sigue adelante!
Siembra
la semilla y deja que crezca y fructifique según las posibilidades del
terreno.
Confía
en el tiempo...
Mientras
tanto, esparce semillas de bondad y de amor por donde pases.
Ten
fortaleza de ánimo para resistir a todos los embates y tempestades del camino.
No
te ilusiones, también el camino del bien está lleno de tropiezos y
dificultades...
¡Continúa
por él!
No
des oídos a las piedras colocadas por la envidia, por el chisme, por la intriga...
Marcha
con la cabeza erguida, confiadamente, y vencerás todos los obstáculos.
Y
si te hieren, recuerda que las cicatrices serán luces que marcarán tu
victoria.
Si
el sufrimiento llamó a tu puerta, no desesperes.
Son
bienaventurados los que lloran, porque serán consolados.
El
sufrimiento a todos les parece un mal y por eso se acobardan.
Pero
cuando aprendemos que el dolor es una liberación que nos devuelve la paz del
espíritu, lo juzgamos menos doloroso.
Para
que tu dolor duela menos, aprende a conformarte con él porque él es tu
liberación.
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