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Dios nos guía siempre y nos orienta en nuestra vida.

Pero debemos ser sensibles, para oír su voz y saberlo interpretar o través de las circunstancias que rodean nuestra vida, elevándonos a un mayor progreso espiritual de nuestro ser.

Procura meditar silenciosamente para oír la voz de Dios, que te guía sin jamás abandonarte.

 

Sin esfuerzo de nuestra parte, jamás llegaremos a la cumbre de una montaña.

No te desanimes a mitad de camino: sigue adelante, porque los horizontes se tornarán amplios y maravillosos a medida que vas subiendo.

Pero no te ilusiones, porque sólo alcanzarás la cima de la montaña si estás decidido a enfrentar el riesgo del camino.

 

No te olvides de que, cualquiera sea tu posición en la vida, tienes siempre dos niveles para observar: los que están arriba y los que están abajo.

Intenta colocarte algunas veces en el lugar de tus jefes, y otras en el de tus subordinados.

De este modo, podrás comprender al vivo, los problemas que surgen de los dos lados.

Así, podrás ayudar mejor o unos y a otros.

 

No limites el poder de tu vida.

No pienses que conseguirás todo lo que deseas en esta vida.

Pero confía, porque la vida es eterna, infinita.

No pienses, además, que después de ésta, vas o empezar una vida diferente: nada de eso.

Esta misma vida continuará siempre.

Por lo tanto, procura aumentar tus conocimientos y perfeccionarte, comprobando cómo es efímero el momento actual, comparado con la eternidad.

 

Coloca a Dios en todo lo que haces y en todos tus problemas.

Y comprobarás que tus sufrimientos se transformarán en experiencia y enseñanza.

Coloca a Dios en todos tus pensamientos, y tu vida se transformará en un himno de alegría y de alabanza, porque los dolores se disiparán como las tinieblas con las primeras luces de la aurora...

 

Lo más importante es el momento presente.

Lo que fueron nuestros padres no tiene importancia: lo que vale, es lo que tú eres ahora.

El momento presente es el creador del mañana.

Tu felicidad está basada en los pensamientos de hoy.

Somos esclavos del ayer, pero somos dueños de nuestro mañana.

Presta mucha atención al momento que pasa, a lo que estás haciendo AHORA, porque del "ahora" depende tu  mañana.

 

Todo tiene su propio momento.

“El mismo firmamento tiene horario para las tinieblas y para la luz”.

¡Aprende de la naturaleza!

Si en ciertos momentos necesitamos recibir, no olvides que, en otros, tenemos obligación de dar.

Ayuda, pues, pero sin querer transformar a quien ayudas.

Cada uno necesita caminar con sus propios pies, para aprender a vivir.

Aprende a distinguir el momento oportuno para dar y recibir.

 

¡No te irrites contra aquellos que te calumnian!

Son bienhechores tuyos que están siempre llamándote la atención por tus errores, reales o posibles.

¡Sigue adelante!

El dolor es el fertilizante que hace crecer en nosotros la actividad.

El arado que rasga el seno de la tierra es el que permite una cosecha abundante.

Las lágrimas fertilizan nuestro corazón, haciendo posible un progreso mayor...

 

Dios está en todas partes, por lo tanto está también en nosotros, y en todas las personas que nos rodean, buenas o malas.

Todo proviene de Dios.

Todo es manifestación divina.

También aquello que nos parece malo o errado, puede ser la causa de un beneficio futuro.

Nuestro sufrimiento proviene del desconocimiento de la verdad fundamental: Dios dirige todos los acontecimientos.

 

¡Ten ánimo y coraje y vencerás todas las dificultades!

La vida nos presenta a veces problemas difíciles.

Pero, las dificultades superadas son un problema resuelto.

No te desanimes jamás; tú tienes que vencer gallardamente todos los problemas que se te presentan.

Si el problema es complejo, divídelo en partes y véncelo separadamente.

Pero no te desanimes jamás.

 

Dios es la Energía Cósmica universal, que habita dentro de ti y de todo lo que existe en los universos infinitos, a los cuales da vida y energía.

Confía en esa fuerza inagotable que está dentro de ti.

Mantén tu mente ligada a ella y no te lamentes de lo que te desagrada o te hace sufrir.

Sonríe ante las dificultades y confía en Aquel que te fortalece y vivifica.

 

Mantén elevado tu optimismo en la vida.

El que tiene el corazón lleno de amor, nada teme.

Afronta todos los vendavales de la vida con una sonrisa en los labios.

Procura amar a todos y a todo, también a los que te hacen sufrir, y llegarás a ser perfecto, como el Padre Celestial, que da a todos sin distinción -buenos y malos, justos e injustos- las mismas oportunidades de salvación.

 

¡No alimentes enemistades!

Procura hacer las paces con todos los que están enemistados contigo.

Aprovecha la oportunidad de estar cerca de tus adversarios para hacerles el bien, a cambio del mal que te hicieron.

No descuides el consejo de anular el mal en torno tuyo, mientras estás sobre la tierra, para que, al salir de ella, tengas la conciencia tranquila.

 

No digas nunca que eres pobre.

La pobreza no es falta de dinero; la pobreza verdadera es la falta de comprensión.

Todo el que comprende la vida, que sabe decir una palabra de consuelo, que sabe extender una mano compasiva al que sufre, que sabe sembrar optimismo y alegría, es rico, inmensamente rico de bondad, que nunca se acaba, por más que la distribuya a millares de personas.

 

No pierdas de vista tu filiación divina.

Dios es Padre de todas las criaturas y vive en cada uno de sus hijos.

Todas las criaturas son hermanas.

Las diferencias raciales y religiosas son apenas pretextos superficiales.

Mira a todos como templos vivos de la Divinidad y ama a Dios a través del amor a las criaturas, procurando servirlo, sirviendo a tu prójimo con amor y dedicación.

 

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