Anterior Volver

Siguiente

 

 

Cada día, al despertar, haz afirmaciones positivas de alegría y de victoria, procurando construir en torno tuyo un ambiente de serenidad y de armonía.

Aprende a sonreír de corazón a todos: parientes, amigos, conocidos, de tal forma que baste tu presencia para que la alegría penetre en el corazón de los que lo tienen abierto.

Y verificarás la felicidad que esto te causará.

 

No conviertas tus oraciones en una petición insistente.

"Nuestro Padre sabe lo que necesitamos antes que se lo pidamos".

Cuando pides algo para ti, piensa también en los otros, en todos los que están en las mismas condiciones.

En los momentos de oración evita el egoísmo. La oración es el mejor momento para demostrar nuestro amor.

Y pidiendo por todos con amor, seremos los primeros en recibir los beneficios.

Quien enciende una luz, es el primero en iluminarse.

 

Mira en los niños el futuro de la humanidad.

Procura, por lo tanto, ser solidario con las actividades que benefician a los niños.

Piensa que cada uno de ellos podría ser un hijo querido de tu corazón.

Colabora en la recuperación de los niños difíciles con tu ejemplo digno y noble.

En todos los sectores, los niños son el futuro y, por eso, es necesario asistirlos atentamente en sus necesidades.

 

Respeta todas las religiones.

Cada hombre tiene derecho de escoger el camino que prefiere.

Respeta la libertad de credo en los otros, así como deseas que respeten el tuyo.

No discutas ni procures sacar a nadie del camino que se trazó, a no ser que tengas la obligación de hacerlo.

Respeta, si quieres ser respetado.

 

¡No te dejes impresionar por los sueños!

Esto podría llevarte a extravagancias ridículas.

Vive pensando en cosas buenas y tus sueños serán hermosos y buenos.

Si soñaste algo que luego resultó ser verdad, acéptalo con simplicidad.

Pero no te dejes llevar por interpretaciones supersticiosas.

Mira siempre el lado bueno de las cosas.

 

Coopera con tu Patria, para engrandecerte a ti mismo.

La Patria es la reunión de todos nosotros.

Por lo tanto, evita buscar ventajas personales, porque lo que tú sacas de más para ti está perjudicando a otros que recibirán menos.

Cualquier función es útil para la comunidad, y el bien común se distribuye entre todos.

No abuses de tus privilegios.

 

¡Ayuda a la naturaleza!

No destruyas los bienes que la naturaleza coloca para tu beneficio.

Ayúdala a progresar.

Coopera con los árboles, porque ellos cooperan con tu vida, purificando el aire que tú respiras.

Colabora con la pureza de las fuentes, porque ellas te proporcionan el agua que necesita tu cuerpo.

Ayuda a producir, para que el pan esté siempre en la mesa de todos.

Ayuda a la naturaleza.

 

¡No maltrates a los animales!

Son también criaturas de Dios y hermanos nuestros menores, que no poseen la facultad del razonamiento abstracto.

Pero son amigos que necesitan de nuestro cariño y de nuestra ayuda.

No les impongas cargas excesivas.

Aliméntalos bien.

Cúralos en sus enfermedades.

Haz con estas criaturas de Dios que dependen de ti, lo mismo que deseas que hicieran contigo los Ángeles del Cielo.

 

¿Por qué guardas tantas cosas inútiles?

¿Para qué llenar de cosas tus armarios, cuando tus hermanos los tienen vacíos?

Reparte todo lo que tienes de más, para que tu alma no se halle sobrecargada al abandonar la tierra.

"El corazón del hombre se encuentra donde está su tesoro".

Si acumulas muchas cosas inútiles te harás esclavo de ellas, sin conseguir elevarte a las regiones bienaventuradas.

 

Vigila tus palabras.

Evita términos impropios y anécdotas pesadas.

Recuerda que todo lo que decimos permanece en nuestra atmósfera mental, atrayendo a los que piensan de la misma manera y que pasarán a formar parte de nuestro círculo.

No ofendas con palabras ordinarias los ángeles de Dios, que se apartarán de ti horrorizados.

La buena educación se manifiesta también en las palabras que salen de nosotros.

 

Dios está en nosotros en todas las circunstancias de la vida.

Sea que actúes rectamente o que cometas una acción errada, Dios está siempre en ti.

Ya sea que goces de felicidad o que estés agobiado por un gran dolor, Dios está en ti. Procura no olvidar esta verdad, en ningún momento de tu vida:

DIOS ESTA EN TI.

 

Desarrolla la parte humana de tu persona.

No vivas sólo de manera vegetal o animal, instintivamente.

Desarrolla la parte humana de tu persona.

Procura conocer la verdad de tu origen y de tu destino, utilizando tu pensamiento para conocerte cada vez más.

Por poca cultura que tengas, tú posees una inteligencia capaz de razonar y pensar.

 

Cada uno de nosotros tiene una tarea específica en la difusión del bien.

Prepárate para trabajar, porque los deberes son muchos e importantes, y son pocos los que tienen conciencia de ellos.

Ayuda al mundo para que el mundo te ayude a ti.

Extiende tus brazos generosos para cultivar el bien, así podrás recoger frutos abundantes de felicidad y de amor.

 

Ayuda también con la conversación.

Una buena palabra, una sonrisa de aliento, un pensamiento constructivo, muchas veces es el punto de partida para aquellos que nos rodean.

Si observas tristeza o preocupación, procura ayudar.

Si no puedes actuar, habla.

Si no puedes hablar, al menos piensa firmemente deseando la felicidad y ésta cumplirá su objetivo.

¡Pero ayuda siempre!

 

Anterior Volver

Siguiente