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¡Tú no tienes enemigos externos!

Nuestros enemigos son los pensamientos erróneos que todos tenemos y que lanzamos al aire atrayendo pensamientos semejantes en el prójimo.

En realidad, nadie puede ser enemigo nuestro, porque Dios habita en cada uno de nosotros.

Anula las enemistades emitiendo pensamientos de tolerancia y de amor hacia todas las criaturas, que son templos de Dios.

 

¡Sé alegre y optimista!

No pierdas el tiempo mirando hacia atrás, para ver lo que ya hiciste.

Mira hacia adelante y camina confiado y alegre, practicando el bien y ayudando a todos.

Extiende tu mano al que se te acerca, di siempre una palabra de consuelo y de cariño, ten para todos una sonrisa de bondad y la verdadera felicidad pasará a ser el clima permanente de tu vida.

 

Trata de anular la parte inferior de tu ser, para desarrollar la parte superior.

Los antiguos llamaban "centauros" a los que eran mitad hombre en la parte superior y caballos en la parte inferior del cuerpo.

No seas así.

Procura ser totalmente hombre, venciendo y dominando la parte inferior y animal de tu ser, para que sólo aparezca y sobresalga la parte superior, inteligente y noble.

 

Cuántas veces queremos ser buenos y amables, y vemos destruidos nuestros propósitos de virtud.

Pero, ser bueno con quien es bueno, no tiene ninguna dificultad.

El heroísmo consiste, justamente, en ser bueno con quien es malo.

El permanecer sereno ante las personas irritantes.

En ser generoso con las personas egoístas.

Trata de llegar a este punto y demuestra con el ejemplo que tú sabes ser bueno.

 

El mal no merece ser comentado, pues sólo trae resultados desagradables.

Toda palabra produce vibraciones que, a su vez, atraen vibraciones semejantes.

Por lo tanto, el comentario del mal, atrae vibraciones pesadas y nocivas.

Habla sólo de cosas buenas y bellas, comenta el bien y las acciones nobles, y te rodeará una onda de paz, de alegría y de bienestar.

 

Jamás engañes a los otros, para no ser engañado.

Sé siempre auténtico.

No mientas, para que tu conciencia permanezca tranquila y tu sueño sea sereno.

No vivas en continuo remordimiento y no prepares para ti un futuro doloroso, pues nada hace más infeliz a una persona que el saber que nadie ya confía en ella.

Sé siempre veraz y ganarás muchos amigos leales y sinceros.

 

Aprende a amar a todos, indistintamente, para poder encontrar la luz que tanto ansías.

Cuando se trata de ayudar, no hagas distinciones entre sabios e ignorantes, ricos y pobres.

Aprende a llevar consuelo a los tristes y estímulo de comprensión y amor a los que luchan.

¡A cuánta gente puedes tú ayudar con tu palabra, con tu pensamiento!

Ama a todos indistintamente.

 

Rodea tu vida con dulces sentimientos de amor.

No tengas prevenciones contra tus semejantes. Si alguien no te comprende, si alguien te hiere o amarga, procura retribuirle con mayor comprensión y con atenciones redobladas.

Sólo el amor es capaz de vencer las barreras de la separación, de acercar a las criaturas, de afianzar amistades.

Entonces, rodea tu vida con dulces sentimientos de amor.

 

Anímate para las verdades superiores.

No te ilusiones con las conquistas fáciles, con los placeres transitorios, con las sensaciones efímeras.

Busca intensamente las cosas firmes y duraderas y para eso esparce, en torno tuyo, alegría y optimismo, bondad y amor, que son las bases firmes y eternas de la felicidad que jamás termina.

Sólo el amor construye para la eternidad.

 

La muerte no existe.

Si tú perdiste un ser querido, no desesperes;

Ten la certeza de que él no murió.

Sólo cambió de estado, y tarde o temprano lo encontrarás nuevamente.

No lo decepciones, pues, huyendo de la lucha.

No pretendas ser superior a Dios; acepta lo que Dios determinó en su Sabiduría, y serás inmensamente feliz.

 

Observa lo que acontece en la vida: cuando necesitas alimento sólo tú lo puedes comer.

Nadie puede hacerlo por ti.

Tampoco nadie podrá curarte.

Tú eres la única persona capaz de curarte, de vigorizar tu cuerpo, de liberarte de las enfermedades.

Emite pensamientos optimistas de salud y expulsa de tu organismo todas las molestias.

 

La riqueza no depende del dinero que hayas acumulado.

El que tiene riqueza y no sabe ayudar al prójimo es pobre.

Quien guarda con avaricia los dones de Dios, es pobre.

Quien no sabe sacar de sí mismo una palabra de consuelo, una sonrisa de estímulo, es pobre.

Pero aquellos que saben dar de lo poco o na­da que poseen, para ayudar al prójimo, son verdaderamente ricos.

 

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