deben odiar el pecado y amar al pecador

Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no  decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.

Si todos los días arreglamos nuestro cabello, ¿porqué no hacer lo mismo con el corazón?

  Tú mismo debes ser el cambio que tú quisieras ver en el mundo.

Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humildad. Si me das humildad, no me quites la dignidad.

Ayúdame  siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.

Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás.

No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso. Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.

Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de
bajeza.

Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso. Si yo ofendiera
a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para
perdonar.

¡Señor...si yo me olvido de tí, nunca te olvides de mí!

 

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