|
¡PUEDO
CORTAR MADERA!
Cuando
el Maestro de Zen alcanzó la iluminación, escribió lo siguiente para
celebrarlo:
«¡Oh,
prodigio maravilloso: Puedo cortar madera y sacar agua del pozo!».
Para la mayoría
de la gente no tienen nada de prodigioso actividades tan prosaicas como sacar
agua de un pozo o cortar madera. Un vez alcanzada la iluminación, en realidad
no cambia nada. Todo sigue siendo igual. Lo que ocurre es que entonces el corazón
se llena de asombro. El árbol sigue siendo un árbol; la gente no es distinta
de como era antes; y lo mismo sucede con uno mismo. La vida no prosigue de
manera diferente. Puede uno ser tan variable o tan ecuánime, tan prudente o tan
alocado como antes. Pero sí existe una diferencia importante: ahora puede uno
ver todas las cosas de diferente modo. Está uno como más distanciado de todo
ello. Y el corazón se llena de asombro.
Esta es la esencia de la contemplación: la capacidad de asombro. La contemplación
se diferencia del éxtasis en que éste lleva a uno a «retirarse». Pero el
contemplativo iluminado sigue cortando madera y sacando agua del pozo. La
contemplación se diferencia de la percepción de la belleza en que ésta (un
cuadro o una puesta de sol) produce un placer estético, mientras que la
contemplación produce asombro, prescindiendo de que lo que se contemple sea una
puesta de sol o una simple piedra.
Y ésta es prerrogativa del niño, que con tanta frecuencia se asombra. Por eso
se encuentra tan a sus anchas en el Reino de los Cielos.
|