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No cuentes tus pollos
Había una vez una mujer llamada Truhana. Como no tenía dinero fue al mercado a
vender miel, el precioso producto de su colmena.
Marchaba
por la carretera llevando el jarro de miel sobre su cabeza y calculando,
mientras caminaba, el dinero que obtendría por su mercancía.
-Primero
-pensó- la venderé y compraré huevos. Pondré los huevos bajo mis gallinas
gordas y a su tiempo tendré muchos pollitos. Estos, a su vez, se convertirán
en pollos y de la venta de estos pollos podré comprar corderos.
Truhana
comenzó entonces a imaginar cómo se podía convertir en una persona más rica
que sus vecinos y, mirando más allá todavía, buscar de casar bien a sus hijos
e hijas.
Caminando
con esfuerzo bajo el ardiente sol, ella podía ver a sus hijos y nueras y cómo
la gente diría que era notable cuánto se había enriquecido, a pesar de haber
sido golpeada por la pobreza.
Bajo
la influencia de estos pensamientos placenteros, ella comenzó a reír
sinceramente. Se sacudía tanto con la risa que, de repente, sin darse cuenta
golpeó el jarro con su mano. Este cayó de su cabeza y se estrelló contra el
suelo. La miel se transformó en un revoltijo pegajoso sobre la tierra.
Viendo
esto quedó tan abatida como antes había estado excitada, al ver todos sus sueños
perdidos por la ilusión. |